LOS REFUGIADOS DE TASHI PALKHEL



Dicen que aunque normalmente se visita Nepal por sus montañas, se regresa por su gente. El Himalaya, la cordillera más alta del mundo era mi principal objetivo, en concreto el campo base del Annapurna I, pero en este país enclavado entre picos de nieves perpetuas al norte y densas junglas indias al sur encontré mucho más que montañas.


Tras pasar unos días en el caótico y embriagador Katmandú preparando los permisos para acceder al Área de Conservación de los Annapurnas, salgo en un autobús que recorrerá en "solo" 8 horas los 206 km que me separan de Pokhara.


Pokhara está a las puertas de las montañas. Desde aquí se puede preparar cualquier ruta por el Himalaya, hacer parapente sobrevolando el bonito y tranquilo lago Phewa, comprar o alquilar todo lo que uno pueda necesitar antes de salir hacia las montañas o descansar y relajarse tras un trekking de varios días o incluso semanas. Una vez tuve todo preparado salí hacia mi objetivo, el campo base del Annapurna aunque esa es otra historia.


Unos días después y tras haber conseguido mi objetivo, volví a Pokhara a descansar. Después de días y días caminando por el Himalaya, pisar el asfalto de la ciudad es un descanso para mis piernas. Me levanto y tras comprar por unas pocas rupias unas galletas y un zumo me dirijo hacia el lago. Pasear por las orillas del Phewa cuando la ciudad se despierta te hace ver la verdadera ciudad, sin aglomeraciones de turistas esperando para alquilar unas barcas o saturando el pequeño paseo que bordea el lago. A medida que avanza la mañana, empiezan a llegar al lago muchas vendedoras ambulantes, y digo muchas porque todas ellas son mujeres. Venden todo tipo de pulseras, collares, anillos, gorros, todo hecho a mano por ellas mismas. La verdad es que son muy insistentes a la hora de vender y no se conforman con un simple no, solo estoy mirando gracias, o como dicen ellos, dhan ya bad.


Esa misma tarde conocí a una vendedora muy amable. Estaba yo sentado dejando volar mis pensamientos sobre el lago cuando se sentó a mi lado una mujer y comenzó a hablarme. Tras una charla de unos minutos y contarle de donde venía y que hacía en el país, ella me dijo que no era nepalí sino tibetana. La mayoría de vendedoras del lago eran tibetanas como ella y vivían fuera de la ciudad, en los llamados asentamientos tibetanos. Después de hablar con ella decidí ir a ver uno de estos asentamientos por mi mismo.


Al día siguiente, suena la alarma y salgo de la cama de un salto. Una vez listo salgo a las calles de Pokhara en busca de un taxi que me lleve a Tashi Palkhel y tras regatear el precio, llegamos a un acuerdo para que me acerque hasta allí. El taxi es verde, pequeñito, parece que no pueda llegar muy lejos...y sin cinturones de seguridad, algo que vendría muy bien ya que conducen de una manera más que temeraria. El taxista es muy agradable, como la mayor parte de la gente de Nepal. Después de unos 20 minutos de carretera, me deja en Tashi Palkhel no sin antes ofrecerse para esperarme una hora y volverme a bajar a la ciudad, ya que para él, allí no hay mucho que ver, aunque le digo que se vaya tranquilo, no sabía cuanto tiempo me iba a llevar ver la zona.


El asentamiento seencuentra a 5 km al norte de Pokhara, en Hyangia. Es el asentamiento de refugiados más grande del valle. Las banderas de oración ondean al viento por todo el valle rocoso y hacen que parezca realmente como si estuviésemos en el Tíbet. Este asentamiento cuenta con el colorista Jangchub Choeling Gompa, en el centro del poblado, donde viven unos 200 monjes y alrededor del monasterio están las humildes viviendas de los refugiados, ahí es a donde me dirigía.


Caminado por sus arenosas y estrechas calles encontré a una mujer que me explicó un poco de la historia del lugar. Según me contó, tras la invasión china de Tíbet en 1950, muchos tibetanos, principalmente campesinos que vivian en la frontera con Nepal se vieron forzados a abandonar su hogar. En 1959 y después de que el Dalai Lama escapase de Tíbet, cientos de miles de tibetanos cruzaron el Himalaya hacia el país vecino. Se calcula que unos 300.000 refugiados llegaron a Nepal y se establecieron a lo largo del valle de Pokhara en cuatro campamentos, Tashi Palkhel, Tashiling, Paljorling y Jambling.


Los primeros años en los campamentos fueron muy difíciles marcados por enfermedades y falta de trabajo. Después de huir de su hogar y dejarlo todo atrás, en Nepal no encontraron ningún tipo de apoyo o ayuda por parte del gobierno y se vieron obligados a vivir en los asentamientos fuera de las principales ciudades en condiciones bastante lamentables.

Poco a poco la suerte de los tibetanos en Nepal ha ido mejorando gracias en parte al turismo y a la venta de tejidos.


Después de hablar con la mujer, continué caminando y encontré uno de esos telares donde fabrican todo tipo de tejidos. Al asomarme a la puerta apenas podía ver el interior, estaba muy oscuro y solo un par de ventanas dejaban entrar algo de luz.


Cuando mis ojos se acostumbraron y pude ver el interior, vi a una mujer que me saludaba y me invitaba a entrar, así que crucé la puerta y me senté junto a ella. Estaba tejiendo alfombras y detrás de ella habían varias mujeres más. La mujer con la que me había sentado me preguntó un par de cosas e inmediatamente me enseñó las pulseras y gorros que había estado haciendo, no dejó de insistir hasta que finalmente le compré un par de pulseras. Viendo el éxito de su compañera, el resto de trabajadoras me llamaron rápidamente para enseñarme también sus pulseras y tejidos, así que salí de allí con las compras para toda la familia y amigos.



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